Especialistas en Big Data discuten en el mundo la solución tecnológica para la pandemia.

El uso extendido de la tecnología digital basada en aplicaciones de teléfonos celulares inteligentes y otros dispositivos en el combate contra la pandemia del coronavirus plantea una serie de interrogantes sobre su eficacia y sobre los riesgos a futuro en relación con las libertades civiles y el incremento de la vigilancia digital, aseguran a Télam especialistas internacionales.

«Se supone que las ventajas son que se puede monitorear a poblaciones enteras de una manera que es imposible manualmente; se puede realizar más fácilmente el rastreo de contactos y seguimiento de síntomas, además de regular la cuarentena y controlar el movimiento y el acceso a espacios determinados», comenta el geógrafo británico Rob Kitchin, titular de la cátedra de Geografía Humana de la Universidad Nacional de Irlanda Maynooth.

«Sin embargo, hay preocupaciones generales sobre la precisión y confiabilidad de los datos y también preguntas sobre los algoritmos y los conjuntos de reglas utilizados para interpretar y tomar decisiones basadas en esos datos», agrega.

El riesgo es que se establezca un nuevo régimen de vigilancia utilizando aplicaciones para teléfonos inteligentes, reconocimiento facial y cámaras térmicas, dispositivos biométricos, cascos inteligentes, drones y análisis predictivos, que remodelarán la forma de administrar el poder por parte de los Estados”

«A largo plazo -señala- el riesgo es que se establezca un nuevo régimen de vigilancia utilizando aplicaciones para teléfonos inteligentes, reconocimiento facial y cámaras térmicas, dispositivos biométricos, cascos inteligentes, drones y análisis predictivos, que remodelarán la forma de administrar el poder por parte de los Estados, haciéndola mucho más tecnocrática».

La perspectiva toma relevancia si se presta atención al filósofo e historiador israelí Yuval Harari, que señaló que «las decisiones que las personas y los gobiernos tomen en las próximas semanas probablemente darán forma al mundo en los próximos años».

«Al elegir alternativas, debemos preguntarnos no solo cómo superar la amenaza inmediata, sino también qué tipo de mundo habitaremos una vez que pase la tormenta», aseguró Harari.

El investigador de la Universidad de Washington Kyle Kubler, «la narrativa más fuerte que emerge del Estado y los sectores de poder en estos momentos es la falsa disyuntiva que nos obliga a elegir entre los derechos de la salud pública y la privacidad».

«La nuevas tecnologías de vigilancia del coronavirus -afirma Kubler en consonancia con Kitchin- se desarrrollan todos los días y pueden presentar problemas importantes de privacidad».

La confiscación de datos y los algoritmos predictivos de comportamientos de grupos sociales no son nuevos, de hecho, según Kubler «los datos se vuelven prioridad porque las acciones mediadas por dispositivos tecnológicos abarcan la mayor parte de las acciones humanas».

En su estudio «Vigilancia, poder y algoritmo en el estado de emergencia en Francia», que analiza la utilización de la big data, la minería de datos y las predicciones algorítimicas utilizadas por las fuerzas de seguridad francesas luego de los atentados terroristas de noviembre de 2015 para tareas de inteligencia y vigilancia social, Kubler detalla que «el estado de emergencia es una función central de la condición del Estado liberal», más que un lapso de suspensión de determinadas garantías del orden democrático, y remarca la continuidad del estado de excepción en Francia de 2015 a la fecha.

Es lo mismo que pasó con la Ley Patriota de Estados Unidos, promulgada en respuesta a los atentados a las Torres Gemelas de 2001, que continúa en vigencia y no se ha derogado desde su aplicación.

Parece muy probable que los sistemas establecidos para combatir el coronavirus, una vez desplegados, se normalicen y formen parte del aparato de los estados y las empresas”

«Existe un patrón establecido según el cual tecnologías, sistemas de datos y leyes que se introducen para abordar un problema se convierten a largo plazo en infraestructuras de la administración política de los gobiernos y continúan utilizándose más allá de su propósito original», asegura Kitchin.

«Los sistemas y leyes establecidos después del 11 de septiembre para combatir el terrorismo todavía están vigentes y se usan más allá de la seguridad nacional. Parece muy probable que los sistemas establecidos para combatir el coronavirus, una vez desplegados, se normalicen y formen parte del aparato de los estados y las empresas», concluye el geógrafo que es miembro de la Academia Real Irlandesa de Ciencias y Humanidades.

Especialistas en Big Data discuten en el mundo la solución tecnológica para la pandemia.
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